Con 64% de aprobación, el queretano lidera a los gobernadores del país y ya respira en la nuca de los punteros panistas para 2030.
Mauricio Kuri González, mandatario de Querétaro, se afianzó como el gobernador mejor evaluado de México, alcanzando un 64 por ciento de aprobación ciudadana que hoy lo coloca en el centro del radar nacional.
Los números, recabados por encuestadoras de peso y diarios de circulación nacional, muestran que seis de cada diez queretanos ven con buenos ojos la chamba que se realiza desde el Palacio de la Corregidora.
Más allá de mantener la casa limpia, este capital político ya comenzó a hacer eco en las altas esferas del Partido Acción Nacional, donde las piezas del ajedrez rumbo a la elección presidencial de 2030 empiezan a moverse.
De acuerdo con mediciones publicadas por Político.mx, Kuri ya amarró un nada despreciable 20 por ciento de las preferencias entre las bases blanquiazules, convirtiéndose en el caballo negro de la contienda interna.
Con este porcentaje, el queretano le pisa los talones a Ricardo Anaya, quien se mantiene estático con un 24 por ciento, y deja en el retrovisor a la senadora Lilly Téllez, que capta el 15 por ciento de la intención de voto.
Este salto a las grandes ligas no es obra de la casualidad, sino el reflejo de indicadores locales que presumen un 73.1 por ciento de aprobación en el rubro de seguridad, un auténtico garbanzo de a libra en los tiempos que corren.
A la par, el manejo de la chequera estatal no desentona. Un 64.9 por ciento de la población confía en la honestidad y la salud financiera de su gobierno, mientras que la economía registra un 61.6 por ciento de visto bueno.
Para quienes observan el panorama desde el asfalto capitalino, el modelo del Bajío se alza como un referente de estabilidad que contrasta con otras latitudes, demostrando que el orden administrativo rinde frutos tangibles.
Al final del día, las cifras de casas encuestadoras como UPAX y La Encuesta MX confirman que el trabajo de a pie y los resultados medibles son la mejor carta de presentación para cualquier aspirante en el ring político.
