El reciente episodio protagonizado por el futbolista danés Christian Eriksen durante un partido entre las selecciones de Dinamarca y Ucrania volvió a poner sobre la mesa una preocupación que desde hace años ocupa a la comunidad médica y al deporte de alto rendimiento: las enfermedades cardíacas ocultas que pueden provocar eventos graves incluso en atletas jóvenes, entrenados y aparentemente saludables.
El incidente, ocurrido el pasado mes de junio y que tuvo una amplia repercusión internacional, recordó inevitablemente el dramático colapso que el mediocampista sufrió durante la Eurocopa 2020. Aunque Eriksen logró recuperarse de aquel episodio y regresar a la competencia profesional, el nuevo acontecimiento ha reavivado el interés por comprender cómo ciertas afecciones cardíacas pueden permanecer sin detectarse durante años y manifestarse de manera repentina bajo condiciones de máxima exigencia física.
De acuerdo con un análisis publicado por el diario británico The Independent, una parte importante de las muertes súbitas en personas menores de 35 años está relacionada con enfermedades cardíacas que nunca habían sido diagnosticadas. El medio recoge información de la organización benéfica Cardiac Risk in the Young (CRY), dedicada a investigar y prevenir este tipo de fallecimientos.
El director ejecutivo de la organización, el doctor Steven Cox, explicó que este tipo de tragedias suele repetirse con un patrón similar. En muchos casos, la persona afectada era considerada la más fuerte y saludable de su equipo deportivo, sin presentar señales que hicieran sospechar la existencia de una enfermedad del corazón.
Según el especialista, el alto rendimiento deportivo no garantiza la ausencia de problemas cardiovasculares. Por el contrario, una persona puede competir al máximo nivel mientras convive con una alteración cardíaca que permanece silenciosa durante años. Es precisamente la intensidad del ejercicio la que, en determinadas circunstancias, puede actuar como desencadenante de una arritmia potencialmente mortal.
Entre las enfermedades que generan mayor preocupación se encuentra la miocardiopatía arritmogénica, un trastorno hereditario que afecta el músculo cardíaco y favorece la aparición de alteraciones del ritmo del corazón. En quienes reciben este diagnóstico, los especialistas suelen recomendar evitar el deporte competitivo de alta intensidad, ya que el esfuerzo físico puede aumentar considerablemente el riesgo de sufrir un paro cardíaco.
Uno de los aspectos más preocupantes es que muchas de estas patologías no producen síntomas evidentes. De hecho, el informe señala que aproximadamente el 80 % de las muertes súbitas cardíacas en jóvenes ocurre sin ninguna manifestación previa que permita anticipar el problema. En el porcentaje restante sí pueden aparecer señales de alerta como desmayos durante el ejercicio, dolor en el pecho, palpitaciones o dificultad para respirar mientras se realiza actividad física.
Ante este panorama, el electrocardiograma (ECG) ha cobrado relevancia como una herramienta para detectar alteraciones cardíacas antes de que ocurra un evento grave. Diversas organizaciones médicas impulsan su utilización como parte de los exámenes preventivos en jóvenes deportistas.
El doctor Cox considera que el electrocardiograma puede convertirse en una herramienta muy eficaz cuando sus resultados son interpretados por especialistas con experiencia en cardiología deportiva, ya que esto permite identificar anomalías que podrían pasar desapercibidas y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de diagnósticos erróneos.
No obstante, la aplicación masiva de este tipo de estudios continúa siendo motivo de debate, particularmente en el Reino Unido. El Comité Nacional de Cribado considera que la evidencia científica disponible aún no es suficiente para recomendar un programa universal de detección mediante ECG en toda la población joven, debido a las dudas existentes sobre su impacto, costo-beneficio y la posibilidad de generar falsos positivos.
Como parte de sus investigaciones, Cardiac Risk in the Young presentó un estudio que incluyó a más de 100 mil jóvenes sometidos a programas de evaluación cardíaca. Gracias a estos exámenes fue posible detectar diversas enfermedades que requirieron tratamientos especializados, entre ellos la colocación de desfibriladores automáticos implantables, marcapasos, procedimientos de ablación e incluso trasplantes de corazón.
En algunos pacientes, los desfibriladores implantados llegaron a activarse para corregir arritmias potencialmente mortales, evitando desenlaces fatales. Estos resultados, según la organización, muestran el potencial que puede tener la detección temprana cuando se realiza con protocolos adecuados y personal altamente capacitado.
Los especialistas también subrayan la importancia de prestar atención a los antecedentes familiares. La existencia de muertes repentinas o inexplicables en familiares menores de 50 años puede ser una señal de que existe una enfermedad cardíaca hereditaria que aún no ha sido identificada. En estos casos, recomiendan realizar una valoración médica especializada antes de iniciar o mantener una actividad deportiva de alta intensidad.
Aunque los casos como el de Christian Eriksen son poco frecuentes, los expertos coinciden en que han servido para aumentar la conciencia sobre la salud cardiovascular en el deporte. La combinación de revisiones médicas oportunas, una adecuada interpretación de los estudios y el conocimiento de los antecedentes familiares puede contribuir a detectar enfermedades silenciosas y reducir el riesgo de eventos cardíacos graves entre jóvenes deportistas.
